Las sesiones del Core, algunas declaraciones parlamentarias extremas, reels y publicaciones, muchas de las anteriores se han transformado en un reflejo a escala de un fenómeno desgastado. La preferencia por el espectáculo de la confrontación por sobre la construcción de soluciones. Agrias disputas verbales entre consejeros. la promoción de sus propios discursos en redes sociales, renuncias a partidos, acusaciones cruzadas y choques por la reasignación de fondos han desplazado el debate de fondo hacia la trinchera del reclamo continuo.

Sin embargo, el escenario político atraviesa un punto de inflexión. La más reciente encuesta Criteria arrojó un dato contundente a nivel nacional: la aprobación del Presidente José Antonio Kast descendió a un 27%, mientras que su desaprobación alcanzó un 64%. El guarismo no es un hecho aislado, sino la confirmación de una tendencia. El modelo político basado en la fiscalización destemplada, la interpelación constante, las promesas incumplidas y la ausencia de propuestas concretas muestra signos evidentes de agotamiento ciudadano.

El espejo nacional y la réplica regional

El estilo caracterizado por "apuntar siempre con el dedo" y buscar el conflicto mediático antes que el acuerdo técnico rindió réditos electorales en momentos de alta polarización. No obstante, la curva descendente de las encuestas demuestra que la ciudadanía ha comenzado a pasar la cuenta a la falta de resultados prometidos desde el poder. O de quienes ansían tenerlo, pero que repiten la misma fórmula que los tiene convencidos que les retribuirá los mismos resultados. Ojalá harta presencia en tribunales, acusar a diestra y siniestra, decir que todo está mal, y mostrarse como héroe o salvador sin salvar a nadie, solo a la creencia que lo que importa es su imagen o discurso. Nada más.

La replicación de este formato por parte de figuras que aspiran a consolidar nichos de votos proyectados hacia futuras candidaturas empieza a chocar contra la misma realidad. La estrategia de oponerse sistemáticamente a iniciativas del Gobierno Regional o de la vereda política contraria, sin presentar proyectos viables como alternativa, genera un cansancio acumulado en una comunidad que exige soluciones en vivienda, salud, seguridad y conectividad.

¿Estrategia rentable o camino al aislamiento?

El cálculo de rentabilidad política a través de la fiscalización estridente pierde sustento cuando el electorado percibe que tras el grito y la recriminación no hay un plan de desarrollo. La insistencia en minar la gestión del adversario político, bajo la premisa de que "mientras peor le vaya al de al frente, mejor para mi candidatura", termina desgastando a quien la practica.

Lo revelado por las mediciones de opinión pública es una advertencia para los liderazgos regionales: la política del bloqueo permanente agota su margen de tolerancia social. Quiénes basan su desempeño en el alegato diario corren el riesgo de quedar atrapados en el mismo techo que hoy condiciona a la gestión nacional, convirtiendo la retórica del ataque en un bumerán de desaprobación.

Magallanes no requiere de tribunales políticos permanentes ni de tribunas dedicadas a buscar "la paja en el ojo ajeno". Exige liderazgos capaces de fiscalizar con rigurosidad, pero también de sentarse a negociar, ceder y construir. Los números lo confirman: la ciudadanía se cansó del ruido y empieza a demandar, de manera tajante, propuestas concretas.