La histórica y urgente batalla de Barranco Amarillo por solucionar los problemas de su caleta
Cada vez que el viento sopla con fuerza desde el este en Punta Arenas, la comunidad pesquera de la Caleta Barranco Amarillo contiene el aliento. No es una exageración dramática, es una realidad matemática y estructural. El temporal que azotó a la capital regional durante los últimos días volvió a dejar en evidencia una vulnerabilidad que arrastra décadas: botes destrozados, rescates en helicóptero por parte de la Armada y pérdidas materiales que golpean directamente el sustento de familias magallánicas.
El último evento meteorológico destruyó por completo varias embarcaciones. Este desastre no es un hecho aislado, sino el síntoma de una carencia estructural que la dirigencia lleva denunciando desde la misma concepción de la caleta.
Inaugurada originalmente para centralizar las operaciones de la pesca artesanal en el sector norte de Punta Arenas, la infraestructura de Barranco Amarillo fue diseñada principalmente para el desembarque, la carga de combustible y la provisión de servicios básicos. Sin embargo, carece del elemento fundamental para cualquier puerto expuesto a las inclemencias del Estrecho de Magallanes: una poza (o posada) de abrigo. Al no contar con escolleras o rompeolas que disipen la energía de las olas, el muelle se convierte en una trampa cuando las condiciones climáticas empeoran de forma imprevista.
Según voces entendidas en el sector “siempre ocurren cosas, aunque uno trate de evitarlas. Son accidentes que van ocurriendo porque nuestra caleta es más bien de servicios que una caleta de abrigo”, explican.
Esta falencia obliga a los pescadores a realizar extenuantes maniobras de evacuación preventiva cada vez que se emite una alerta, teniendo que trasladar sus embarcaciones a puntos teóricamente más protegidos como Cabo Negro o el Muelle Mardones. Pero el tiempo en la Patagonia no siempre da tregua, y cuando los frentes avanzan rápido, la desprotección es total.
Lo que falta y lo que se exige
La demanda por la poza de abrigo no es nueva. Es un eco constante en las mesas de trabajo con el Ministerio de Obras Públicas (MOP) y la Dirección de Obras Portuarias (DOP). El sector critica que el avance del Estado ha ido a un ritmo marcadamente burocrático en comparación con la urgencia que imponen el cambio climático y la violencia de las marejadas actuales.
Tras años de insistencia, en los últimos dos años se lograron concretar los estudios de batimetría (análisis del fondo marino, profundidades y corrientes) encargados por el MOP. Los dirigentes están a la espera de la presentación oficial de estos resultados por parte de las autoridades portuarias.
Aunque técnicamente las condiciones preliminares estarían dadas para la construcción de las defensas, el camino administrativo que se exige preocupa al sector por sus extensos plazos, que apuntan a la validación de la factibilidad técnica, la fase de prediseño, el diseño definitivo con sus respectivas evaluaciones de impacto ambiental, y finalmente la asignación de fondos para la licitación. Este proceso, bajo los estándares públicos vigentes, podría tardar varios años más. Para los pescadores, cada año de espera se traduce en el riesgo latente de perder su herramienta de trabajo.

Proyecto estratégico
La dirigencia de Barranco Amarillo enfatiza que la poza de abrigo no debe mirarse únicamente como una ayuda exclusiva para la pesca artesanal, sino como una inversión clave de infraestructura marítima regional. El Estrecho de Magallanes es una ruta de tránsito en pleno auge, y una infraestructura de resguardo en la caleta abriría las puertas a otros sectores como yates y embarcaciones deportivas internacionales que cruzan los canales fueguinos y que carecen de espacios idóneos de permanencia menor en la zona costera norte de la ciudad.
Por otro lado, permitiría establecer un centro de operaciones y refugio para naves menores de conectividad y servicios logísticos. Y al mismo tiempo, se mitigaría la pérdida de embarcaciones, se estabilizaría el mercado de recursos marinos locales (como la centolla y el erizo), convirtiéndose en un área clave para la economía familiar en Magallanes.
Hoy en día, la exigencia de la Caleta Barranco Amarillo es clara y categórica. Acelerar los plazos del diseño, comprometer voluntades políticas transversales y asegurar el financiamiento antes de que el próximo invierno austral vuelva a golpear con fuerza a quienes sustentan la vida en el mar de los confines del mundo.
Redacción ZonaZero.cl
