En política hay una regla de oro que parece haberse extraviado en las oficinas de la Secretaría Regional Ministerial de Gobierno: La pega de un vocero regional es, ante todo, sintonizar con su territorio. Sin embargo, la reciente intervención del seremi Ángel Roa, a propósito del último informe del Comité Estratégico de Auditoría, deja en evidencia un síntoma preocupante. Un discurso calcado de la centralidad santiaguina, desconectado de la realidad local y obsesionado con inmiscuirse en un gallito de alcance nacional que poco y nada soluciona las urgencias de los magallánicos.

Al leer las declaraciones de Roa sobre los 1,4 billones de pesos pendientes de rendición a nivel país por el tema fundaciones, cuesta entender si estamos ante el vocero de una región extrema y con identidad propia, o frente a un analista de televisión que comenta la contingencia de la Región Metropolitana desde la comodidad de un set en Santiago. Sus proyecciones y análisis parecen responder más al libreto de una asesoría comunicacional diseñada entre las cuatro paredes de un ministerio central que a las necesidades de quienes habitan el territorio austral.

¿Cuál es la verdadera pega de un seremi de Gobierno? Es tender puentes, comunicar la gestión del Estado en sintonía con las particularidades locales y, sobre todo, articular un relato común con la Delegación Presidencial Regional. Pero acá vemos todo lo contrario. La intervención de Roa denota una alarmante falta de alineación con la representación del Presidente en la zona, optando por el camino propio. Un formato repetitivo, saturado de opiniones grandilocuentes y desprovisto de propuestas concretas para Magallanes.

Lo grave no es solo el tono, sino el fondo. Mientras el mundo y el país miran a nuestra región con la urgencia de planificar el "Magallanes 2050" —con los desafíos energéticos, logísticos y de conectividad que ello implica—, la vocería local prefiere quedarse pegada en el discurso de campaña. Se sigue buscando culpables para justificar todo lo que ha pasado, lo que pasa y lo que pasará, en vez de levantar una agenda propositiva.

Este relato deslavado y sin identidad regional no es casualidad; es el reflejo de un equipo que parece mirar el mapa al revés. Tal vez por desconocimiento, tal vez por esa insoportable mirada santiaguina que asume que los problemas de Chile se digieren igual en la Plaza de Armas de Santiago que en la de Punta Arenas, el seremi simplemente no está tocando los temas de fondo que le importan a la ciudadanía magallánica.

La probidad y el control de los recursos públicos son fundamentales, nadie lo duda. Pero cuando la máxima autoridad comunicacional de la región prefiere actuar como un eco de las minutas nacionales en lugar de abordar las brechas locales, queda claro que no se ha terminado de entender la naturaleza del cargo. Magallanes no necesita un repetidor de discursos centrales, necesita autoridades que entiendan que gobernar desde el sur exige identidad, propuestas y, por sobre todo, pertenencia local. Un estándar que, al menos hoy, la Segegob local sigue quedando al debe.