El precio de los combustibles continúa impactando con fuerza la economía de los hogares, acumulando alzas significativas en lo que va del año. Las gasolinas de 93 y 97 octanos registran un incremento sostenido de casi $270 por litro en el balance anual, mientras que el diésel consolida el mayor golpe inflacionario tras superar los $320 acumulados por litro, presionado por las cotizaciones internacionales del petróleo y los ajustes fijados en los informes de la Empresa Nacional del Petróleo (ENAP).
El escenario resulta especialmente complejo para la Región de Magallanes, donde las condiciones geográficas extremas y el recargo en los costos de flete marítimo o terrestre sitúan sistemáticamente los valores por litro por encima del promedio de la zona central.
Al tratarse de una región insular y aislada, el alza del diésel incide directamente sobre la estructura de costos de los camiones de carga que abastecen a la zona con víveres, insumos e insumos de construcción desde el resto del país, lo que amenaza con traspasarse a la canasta básica regional.
A esto se suma el alto nivel de dependencia del transporte particular y de carga pesada producto de las bajas temperaturas y las largas distancias entre comunas como Punta Arenas, Puerto Natales y Porvenir.
En Magallanes, la extensión de las rutas y el consumo necesario profundizan el impacto en el presupuesto familiar, en momentos donde la alta variabilidad del mercado global del crudo mantiene abiertas nuevas proyecciones de ajuste en las estaciones de servicio de la Patagonia.
La preocupación también se ha extendido al sector productivo austral, particularmente entre los pequeños y medianos transportistas y gremios de la pesca artesanal, quienes advierten que el elevado valor del combustible reduce de forma drástica sus márgenes de operación.
A diferencia de las regiones del centro del país, la falta de alternativas ferroviarias o rutas terrestres continuas en el territorio nacional obliga a sostener cadenas logísticas más complejas y costosas, donde cada incremento por litro presiona directamente la competitividad regional.
Ante este panorama, diversos actores locales han vuelto a insistir en la necesidad de revisar los mecanismos de estabilización de precios o aplicar medidas diferenciadas para zonas extremas. Argumentan que el impacto inflacionario del combustible a nivel local no se limita al uso vehicular, sino que encarece de manera transversal el costo de vida y la prestación de servicios esenciales en todas las provincias magallánicas, y en los asentamientos más apartados de la región.
