Modernizar es urgente, pero hacerlo desde un solo sector es condenarlo al fracaso.

Chile necesita con urgencia modernizar su Estatuto Administrativo. Lo sabemos todos. Tenemos un cuerpo legal de 1989 para un Estado del 2026. Es lento, burocrático y no premia el mérito. El problema no es el diagnóstico, el problema es desde dónde lo queremos arreglar.

Hoy hay dos tentaciones peligrosas. La primera es hacerlo desde una sola trinchera ideológica, que el gobierno de turno use el estatuto como botín para premiar a los suyos o para blindar a los de siempre. La segunda, y no menos riesgosa, es entregárselo a la lógica empresarial, mirarlo solo como una planilla de Excel donde el funcionario es un gasto que hay que recortar.

Ambas miradas fracasan por la misma razón, no entienden para qué existe el Estado.

El Estado no es una empresa. Una empresa cierra la sucursal que da pérdidas. El Estado no puede cerrar la posta rural porque no es rentable. Una empresa despide para maximizar utilidades. El Estado contrata para garantizar derechos, salud, educación, seguridad, justicia. Medir al Estado solo con indicadores de eficiencia es como medir a un papá por cuánto gasta en sus hijos. Se pierde lo esencial.

Y cuando se moderniza solo desde una vereda ideológica, el resultado es peor, inestabilidad. Cada 4 años llega un gobierno nuevo y cambia todo. Los funcionarios viven con miedo, los proyectos se truncan. Y al final, el ciudadano es el que paga el pato con más trámites y peor atención.

Entonces, ¿cómo se hace bien? Se hace con una mirada global, de país, con acuerdos que duren más que un gobierno.

Esa modernización tiene 4 patas urgentes.

1. Mérito, no pituto.

Basta de cargos a dedo. Concursos públicos, transparentes y técnicos para entrar y para ascender. Y evaluación de desempeño real. Que se premie al que trabaja bien y que se pueda sacar al que no cumple. Así protegemos tanto al buen funcionario como al ciudadano.

2. Tecnología al servicio de las personas.

Menos papeles, menos filas, más digital. Pero la digitalización no puede ser excusa para precarizar. La eficiencia se mide en el tiempo que le ahorramos a una mamá en el consultorio, no solo en los pesos que ahorramos en el ministerio.

3. Probidad y responsabilidad.

El funcionario público tiene que saber dos cosas, que si hace bien su pega va a tener carrera, y que si comete faltas graves se va. Sin blindajes corporativos, pero también sin despidos políticos cada cambio de gobierno.

4. Un Estado para el siglo XXI.

Necesitamos atraer talento en ciberseguridad, datos, salud mental. Para eso el estatuto debe permitir teletrabajo, capacitación permanente y sueldos competitivos en áreas críticas. No podemos pretender resolver problemas del 2026 con reglas del 89.

Modernizar el estatuto no es achicar el Estado por deporte. Tampoco es defenderlo todo sin autocrítica. Es entender que necesitamos un Estado más ágil, pero más fuerte en lo importante.

Si lo hacemos mal, vamos a tener un estatuto que dura 2 años y que deja a todos más desconfiados. Si lo hacemos bien, vamos a tener funcionarios mejor preparados, mejor pagados y mejor evaluados. Y sobre todo, vamos a tener ciudadanos que vuelvan a creer que el Estado está para servirles.

Esa es la discusión que nos debemos. No si modernizamos o no, sino desde qué mirada lo hacemos. Y esa mirada no puede ser la de un solo sector, tiene que ser la de Chile completo.

Jorge Restovic Skirving, vicepresidente Nacional de ANFACH.