Un ataque informático ejecutado el jueves 29 de octubre contra Binance provocó el robo de aproximadamente US$6.360 millones en criptomonedas, en lo que constituye el mayor delito de estas características registrado hasta ahora. Las primeras investigaciones apuntan a Corea del Norte como posible responsable de la operación.
Según la firma estadounidense TRM Labs, los atacantes transfirieron activos digitales desde billeteras de Binance distribuidas en diez redes blockchain. La mayor parte del dinero fue sustraída en apenas 20 minutos, mediante operaciones que permitieron trasladar los fondos a direcciones controladas por los delincuentes.
TRM Labs atribuyó el ataque a TraderTraitor, una organización de hackers vinculada al gobierno norcoreano, con un alto grado de confianza. Chainalysis, otra empresa especializada en rastreo de criptomonedas, también identificó similitudes con operaciones anteriores atribuidas a ese grupo.
El episodio supera ampliamente el anterior récord: los US$1.500 millones robados en febrero de2025 a la plataforma Bybit. En aquella oportunidad, el FBI responsabilizó oficialmente a hackers norcoreanos.
Binance suspendió temporalmente los retiros mientras investigaba la vulneración de sus sistemas. La compañía informó que, mediante la colaboración con otras empresas del sector, consiguió congelar aproximadamente US$3.000 millones de los activos comprometidos y aseguró que cubrirá las pérdidas de sus clientes.
Las primeras pesquisas señalaron una computadora portátil comprometida perteneciente a un empleado, aunque posteriormente aparecieron otros posibles puntos de acceso. Binance sostuvo que no había encontrado evidencias de filtraciones de las claves privadas de sus billeteras.
La investigación también tiene una dimensión geopolítica. Estados Unidos y organismos internacionales acusan desde hace años a Corea del Norte de utilizar robos informáticos para obtener divisas y financiar sus programas militares y nucleares, afectados por las sanciones internacionales.
Hasta este viernes, aproximadamente la mitad del dinero sustraído permanecía fuera del alcance de las medidas de congelamiento, mientras especialistas en seguridad informática seguían rastreando los movimientos de los fondos.
