Un grupo de 45 economistas del World Inequality Lab, co-dirigido por Thomas Piketty y Lucas Chancel, recientemente el “Global Justice Report” en el que proponen bajar el consumo de carne para salvar el planeta. El documento además traza un plan de acciones a seguir hasta 2100 con un doble objetivo: la convergencia de ingresos entre países (mejor distribución del ingreso) y una mayor habitabilidad del planeta.
Según los autores, sin una reducción de la desigualdad, una descarbonización rápida y lo que llaman “suficiencia” —menos horas de trabajo, menor consumo material y cambios en la dieta—, el calentamiento global superaría los 4 °C.
El escenario central del informe se denomina Convergencia Sostenible. En él, todos los países alcanzarían los 5.000 euros mensuales de ingreso nacional bruto per cápita (en paridad de poder adquisitivo de 2025). Hoy la brecha es de 16 veces: 290 euros en África subsahariana frente a 4.590 en Norteamérica y Oceanía.
Para lograrlo este equipo de especialistas se propone un crecimiento diferencial: entre 0 y 0,5 % anual en las regiones ricas y entre 3 y 4 % en las más pobres. Las horas de trabajo anuales bajarían de 2.100 a 1.000 por persona ocupada. Educación y salud pasarían del 11 % al 43 % de las horas laborales globales.
El informe también contempla la creación de un Global Justice Fund, capaz de movilizar el 10,3 % del PIB mundial cada año entre 2030 y 2060. Se financiaría con impuestos globales a la riqueza —hasta un 20 % anual para multimillonarios— y a la renta de los más ricos. En ese marco, la mitad inferior de la población mundial pasaría de poseer el 2 % de la riqueza global al 30 %, mientras la clase multimillonaria caería del 6 % al 0,05 %.
En paralelo, los expertos exigen una descarbonización acelerada: los combustibles fósiles deberían representar menos del 20 % de la energía en 2050 y el 0 % en 2100. La inversión adicional en energía limpia se elevaría al 3-4 % del PIB mundial anual. Con estas medidas, el calentamiento se limitaría a 1,8 °C en 2100. Sin ellas, superaría los 4,5 °C.
El cambio de hábitos alimentarios forma parte esencial de la “suficiencia”. Según el informe, permitiría prohibir la deforestación y recuperar la cobertura forestal de 1900. La carne de rumiantes —vacuna y ovina— es el objetivo prioritario: ocupa dos tercios de la tierra agrícola mundial y genera la mayor parte de las emisiones de metano del sector.
Las propuestas son precisas. El consumo de carne roja en América del Norte debería caer por un factor de 4,5 hacia 2100; en Europa Occidental, por un factor de 2,5. Las tierras de pastoreo se reducirían un 25 % a escala global y un 40 % en América Latina.
Los datos actuales de consumo de carne vacuna (en kilos por persona y año, según la FAO) muestran el punto de partida: 37 kg en Estados Unidos, entre 10 y 15 kg en Europa, menos de 5 kg en India y África subsahariana, y un promedio mundial de 9 kg. En Latinoamérica las cifras son elevadas: Argentina lidera con cerca de 49 kg, Brasil se sitúa en torno a 39 kg, Uruguay supera los 40 kg, Chile ronda los 27 kg y México se acerca a 16 kg.
Aplicados los factores del informe, Norteamérica bajaría a unos 8 kg de carne vacuna por persona al año y Europa a entre 4 y 6 kg. El resto de carnes —ave y cerdo— se reduciría en menor medida.
Fuente: https://globaljusticeproject.wid.world/global-justice-report/
