La industria frutícola chilena enfrenta un escenario cada vez más complejo debido al aumento de los costos de producción, las dificultades para acceder al agua, los problemas de seguridad rural y una competencia internacional que amenaza su posición en los principales mercados de exportación.

Estos fueron algunos de los desafíos identificados durante Fruittrade 2026, encuentro que reunió a productores, exportadores y especialistas para analizar el futuro de una de las principales actividades agroexportadoras de Chile.

En el debate participaron Antonio Walker, presidente de la Sociedad Nacional de Agricultura (SNA); Víctor Catán, titular de Fedefruta; Iván Marambio, presidente de Frutas de Chile, y el especialista Ricardo Ariztía.

Walker advirtió que el encarecimiento de la mano de obra, la energía y los insumos, junto con mayores exigencias regulatorias, está reduciendo los márgenes de rentabilidad de los productores.

El dirigente planteó que Chile necesita incorporar nuevas variedades frutales, mejorar la productividad de los huertos y establecer estándares de calidad que permitan competir con otros países exportadores.

Por su parte, Catán destacó la necesidad de fortalecer la seguridad en las zonas rurales y desarrollar infraestructura hídrica. También manifestó preocupación por la falta de incorporación de nuevas generaciones a la actividad agrícola.

“Los productores necesitamos paz y tranquilidad para trabajar”, señaló el dirigente durante el encuentro.

Otro desafío es la diversificación de los mercados internacionales. Marambio sostuvo que Chile debe reducir gradualmente su dependencia de los destinos tradicionales y ampliar sus exportaciones hacia India, el sudeste asiático y África.

El ejecutivo también reconoció que la industria todavía tiene dificultades para posicionar internacionalmente la fruta chilena como sinónimo de calidad, sostenibilidad y confiabilidad.

En ese contexto, mencionó las estrategias comerciales de Nueva Zelanda y Perú, países que han desarrollado campañas para fortalecer la identidad de sus productos agrícolas.

La calidad apareció como una preocupación transversal. En el caso de las cerezas, uno de los principales productos de exportación, la industria trabaja en un sistema voluntario de certificación destinado a establecer parámetros mínimos de calidad.

Los dirigentes coincidieron en que el futuro de la fruticultura dependerá de inversiones en tecnología, infraestructura de riego, financiamiento y apertura comercial.

La propuesta es avanzar hacia una estrategia común con horizonte en 2040, que permita sostener la competitividad internacional de la fruta chilena y mejorar la rentabilidad de los productores.

Fuentes: Agrositio y PortalFrutícola