La gran estafa [Por Juan Marcos Henríquez]
Hay una película llamada La Gran Estafa que cuenta la historia de un periodista cuya ambición desmedida lo lleva a manipular la verdad, ignorando toda consecuencia ética, y muestra cómo una buena mentira puede engañar a una nación completa. Lamentablemente la trama no siempre es solo ficción y con perturbadora precisión es “metafóricamente” similar a lo que Chile está viviendo con el actual gobierno.
Durante la campaña presidencial, Kast comprometió el “Plan Implacable” como algo radicalmente diferente, criticando a la izquierda por “relativizar el delito” y “desarmar la autoridad”. Sin embargo, como presidente, en lugar de presentar su propio plan, ampliamente anunciado y publicitado, decidió adoptar la Política Nacional de Seguridad Pública 2025-2031 que había elaborado el gobierno de Boric. Una ironía política que ya no puede presentarse como metáfora, ya que lo que fue criticado y desechado como candidato para capturar votos, hoy siendo presidente termina validando y asumiendo. La realidad es que Kast no tenía ni una hoja redactada sobre cómo implementar su propio plan de seguridad.
La Política Nacional de Seguridad Pública 2025-2031 escrita y aprobada en el gobierno Boric fue el producto de tres años de trabajo que implicó modificar más de 80 leyes sobre crimen organizado, narcotráfico, fronteras y ciberseguridad. Así se hace una política en serio. Sin embargo, durante toda su campaña, Kast la criticó duramente, calificándola de insuficiente para enfrentar la crisis de delincuencia en Chile, argumentando que el gobierno de Boric no tenía mano dura contra el crimen y que “no tenía rumbo” en materia de seguridad pública. Pero ahora cuando ya es Gobierno, a menos de 100 días de asumir, en medio del desorden e improvisación, se vio forzado a cambiar su ministra de Seguridad, y el nuevo ministro Martín Arrau no solo confirmó que continuarían con el plan de Boric, sino que además lo calificó de suficiente y amplio. Otra cosa es con guitarra. Otra cosa es gobernar.
La promesa de seguridad de Kast era en realidad solo un guion y una estrategia publicitaria cuidadosamente maquinada para llegar a La Moneda. Durante nueve años vendió a los chilenos la idea de un “Plan Implacable” como declaración de guerra contra el crimen organizado, con deportaciones masivas, muros fronterizos y militares en la calle, pero la verdad es que nunca existió tal plan, ni una idea, ni una hoja borroneada. El presidente Kast y sus asesores, ninguno experto en Seguridad, pero si en comunicaciones estratégicas y publicidad, inventaron una “metáfora” como promesa de campaña para que los votantes creyeran y tomaran en serio su liderazgo y sus ideas. Sin embargo, las promesas electorales chocan con la realidad de gobierno y todo indica que jamás hubo plan ni una intención por abordar el tema. Era solo otra metáfora.
Karl Marx escribió hace casi ciento ochenta años, en “La burguesía y la contrarrevolución”, que la burguesía no llega al poder para transformar nada, sino únicamente para preservar el orden existente que garantice sus intereses económicos y de clase. Kast es la encarnación precisa de esa tesis. Usa una retórica transformadora para ganar la presidencia, pero su único interés real es gobernar en favor de los más ricos. La única promesa de campaña que ha intentado concretar en su gobierno, autodenominado “de emergencia”, es su contra reforma tributaria, que en la práctica favorece al gran empresariado mediante reducción de impuestos corporativos e invariabilidad tributaria para las grandes inversiones. Para Kast, la seguridad pública no es una emergencia. Para su gobierno su única real emergencia es beneficiar al ¡% más rico.
Así como el periodista de la película inventó una autobiografía que nunca existió para escalar posiciones, Kast prometió un plan implacable y radicalmente diferente de seguridad para llegar a La Moneda (a como dé lugar, aunque sea con engaños), pero una vez conseguido el objetivo termina gobernando con exactamente lo mismo Plan que criticó y atacó cuando era oposición.
La forma del engaño es idéntica en ambos casos: construir una identidad falsa, sostenerla con convicción y confianza frente a quienes quieren creer, y finalmente administrar las consecuencias cuando la realidad cobra la deuda.
A eso se le llama estafa, no metafóricamente sino Literal. Prometer algo para ganar elecciones y hacer lo contrario una vez instalado en el poder es la definición más precisa y más antigua de la traición política. Chile no necesita otra película para entender ese guión. Lo estamos viviendo ahora y es una gran estafa.
Por Juan Marcos Henríquez, columnista.
