La infraestructura aeroportuaria en Magallanes dejó de ser una simple discusión sobre el transporte de pasajeros para transformarse en un eje político y económico determinante para los próximos treinta años. Así lo planteó en una columna en las últimas horas Cristóbal Bascuñán Illanes, presidente de la Cámara Chilena de la Construcción (CChC) Magallanes, al analizar el despliegue de obras que actualmente superan los 35 mil millones de pesos en iniciativas terminadas, en ejecución y por licitar en recintos de Punta Arenas, Puerto Natales, Puerto Williams, la Antártica y diversos aeródromos locales.

Para el líder del gremio constructor, el volumen de recursos en juego representa una oportunidad histórica, pero requiere una mirada estratégica de largo plazo que evite que las soluciones de hoy se transformen en los problemas de mañana.

En su análisis, Bascuñán recalca que los aeropuertos y aeródromos de la zona deben ser comprendidos como plataformas de desarrollo económico, científico, turístico y logístico, y no únicamente como terminales de viaje. Esta mirada abarca desde la consolidación de Punta Arenas como centro logístico antártico y el soporte turístico de Puerto Natales, hasta la conectividad crítica de Cabo de Hornos y Tierra del Fuego. Uno de los puntos centrales expresados por el dirigente gremial apunta al debate generado por las obras de conservación en la pista del aeródromo de Puerto Natales y las afectaciones temporales al turismo y la conectividad. Sobre este punto, Bascuñán es categórico al señalar que cuando se trata de pistas de aterrizaje no hay espacio para improvisaciones ni soluciones parciales, advirtiendo que no siempre la alternativa que parece más conveniente en el corto plazo resulta ser la más adecuada desde el punto de vista técnico.

Frente al escenario de expansión proyectado para la región, el gremio plantea tres pilares indispensables: coordinación temprana y transparente entre autoridades, empresas y la comunidad; estándares técnicos de alta exigencia adaptados al clima extremo; y una visión anticipatoria que planifique la infraestructura para las próximas décadas y no para la urgencia del momento.

La magnitud de las inversiones demuestra que existe una oportunidad concreta, pero el verdadero desafío radica en ejecutarlas con rigor para garantizar un desarrollo sostenible en Magallanes.