La historia de las grandes tradiciones no suele escribirse por el camino fácil. Nace, casi siempre, de la obstinación de un puñado de "quijotes" que, embelesados por el invierno, la nieve, la amistad y la música, decidieron desafiar la geografía y las distancias del mapa austral. El Festival Folklórico en la Patagonia es el resultado de esa quimera: un encuentro que nació en la alborada del territorio y que, con los años, terminó convirtiéndose en el abrazo cultural más cálido del fin del mundo.

Los antecedentes primeros de esta hazaña se remontan a 1968. En aquel año, Radio Minería albergó un certamen de aficionados producido y conducido por el recordado Ramón Utz, donde destacó la agrupación "Los del Ocaso". Durante esa misma época, el desaparecido Cine Gran Palace abrió sus puertas a "La Coronación del Folklore", una velada en la que retumbaron las guitarras de referentes trasandinos de la talla de Ariel Ramírez, Eduardo Falú y Los Fronterizos.

Aquella doble chispa fue el germen de una idea mayor: crear una plataforma artística capaz de promover el turismo invernal e integrar culturalmente a los pueblos hermanos de Chile y Argentina a través del canto y la danza.

El inicio del mito: Del Gran Palace al Gimnasio de la Confederación

Fue en agosto de 1969, en el marco de los "Primeros Juegos de Invierno" organizados por el Club Andino entre el 23 y el 29 de ese mes, cuando se dio el puntapié inicial a la primera edición del entonces llamado "Festival Folklórico de la Patagonia".

En las tablas del Cine Gran Palace, la primera estatuilla del Ñandú —emblema histórico del certamen— fue conquistada por el conjunto de Coyhaique "Los Trovadores del Río", quienes inmortalizaron el tema "Mensaje" ("Mensaje en la Patagonia"), firmado por René Rojas y Arturo Barros. Una canción que, con el correr de las décadas, se transformaría en el verdadero himno de la cita cancionera.

• 1968: Festival de Aficionados (Radio Minería) y "La Coronación del Folklore" (Cine Gran Palace).
• 1969: Primera edición del Festival en el Cine Gran Palace. Ganadores: "Los Trovadores del Río".
• 1970: El evento se traslada al Gimnasio de la Confederación Deportiva e incorpora figuras profesionales.
• 1979: Suspensión de las ediciones debido al contexto político de la época y tensiones diplomáticas.
• 1990: Retorno del certamen bajo el alero de la Corporación Patagónica del Folklore.

A partir de 1970, en su segunda versión, el certamen dio el salto de profesionalización y se mudó al emblemático Gimnasio de la Confederación Deportiva de Magallanes. Aquel recambio trajo consigo una procesión de figuras estelares a ambos lados de la cordillera.

Eran tiempos sin telefonía móvil ni televisión satelital; la única forma de presenciar semejante despliegue era pagando la entrada al show y acudir muy temprano al recinto, cargando el termo con café y "chales" para capear el frío de la madrugada en los tablones del viejo gimnasio.

Un puente transandino y la resistencia cultural

Durante su primera etapa (1969-1978), el certamen cosechó un prestigio que resonó con más fuerza en las provincias argentinas que en el propio centro de Chile.

Por el escenario magallánico desfilaron gigantes de la música trasandina como Atahualpa Yupanqui, Los Tucu Tucu, César Isella, Daniel Toro, León Gieco, Víctor Heredia, Zamba Quipildor, Los 4 de Córdoba, Los Cantores de Quilla Huasi, Armando Tejada Gómez y El Chúcaro. Por la delegación chilena, la nómina incluyó a Inti-Illimani, Illapu, Patricio Manns, Tito Fernández, Rolando Alarcón, Charo Cofré, Los Huasos Quincheros, Jorge Yáñez y Coco Legrand, entre muchos otros.

Esta primera era dorada se vio interrumpida bruscamente en 1979, cuando el contexto de la dictadura militar y el delicado clima en las relaciones internacionales congelaron el desarrollo del festival durante más de un decenio.

Es tarea de nosotros cuidar la historia y sus bases. El entender el porqué se inició este camino largo que ha tenido tantos caminantes. Lo más fácil es cambiar el rumbo... Lo más cómodo. Pero ninguno de quienes pensaron en esto eligió el camino fácil. Siempre prefirieron el que estaba lleno de piedras; y así, el éxito era más dulce y reconfortante.

El regreso y el espíritu que trasciende

El silencio terminó en 1990. Con el retorno a la democracia, el empeño de un grupo de colaboradores agrupados en la Corporación Patagónica del Folklore —liderados por el recordado Alfonso "Cocho" Cárcamo— logró restablecer el evento en gloria y majestad. En homenaje a ese liderazgo, el escenario mayor del festival lleva hasta hoy su nombre.

Frente a las corrientes contemporáneas que de tanto en tanto sugieren modificar el rumbo del certamen hacia estilos más comerciales o masivos, la historia del Festival Folklórico en la Patagonia recuerda que su esencia no reside en las modas, sino en la mística de su origen.

El verdadero patrimonio de esta fiesta no está únicamente en las luces del escenario, sino en las cientos de manos anónimas que cada invierno trabajan sin pedir nada a cambio para recibir al visitante con un abrazo, haciendo que el "afuerino" regrese a su tierra sintiéndose un magallánico más. Es la energía de la fraternidad en la geografía más austral del planeta.