El ministro argentino de Relaciones Exteriores, Pablo Quirno, descartó una "traición" de Chile y atribuyó los acercamientos comerciales a gestiones locales de la Municipalidad de Punta Arenas. Frente a los dichos del ministro de Defensa chileno, la Casa Rosada apeló directamente al compromiso asumido por el Presidente de la República con Javier Milei. “Palabra de Presidente mata palabra de ministro. Ya está, se acabó ahí”. Y aclaró que no tiene “ninguna indicación de que no se cumpla” la palabra de Kast.
La escalada diplomática entre Buenos Aires y Santiago por las relaciones logísticas y comerciales de Magallanes con las Islas Malvinas sumó un nuevo y decisivo capítulo. En medio de los preparativos para la apertura de una nueva ruta marítima directa e impulsos por consolidar lazos comerciales locales, y tras las declaraciones del ministro de Defensa de Chile, Fernando Barros, defendiendo el derecho a comerciar de la región, el canciller argentino Pablo Quirno salió al paso para intentar fijar los límites del asunto y apelar de forma directa al acuerdo de alto nivel entre ambos mandatarios.
En entrevista con medios trasandinos, el jefe de la diplomacia argentina desestimó enfáticamente las declaraciones del titular de Defensa chileno, marcando una jerarquía política clara al sostener que la palabra de un Presidente prima sobre la de un ministro, dando por cerrada la discusión a nivel del gabinete. Desde la perspectiva de Buenos Aires, el respaldo histórico de Chile a la causa del archipiélago y los acuerdos alcanzados durante el encuentro bilateral entre el Presidente José Antonio Kast y Javier Milei se mantienen plenamente vigentes e inamovibles.
En ese sentido, Quirno remarcó que existe un compromiso explícito del gobierno central chileno para no brindar apoyo logístico a la explotación de recursos naturales en las islas, enfocándose principalmente en las áreas de hidrocarburos y pesca. Por lo mismo, la Cancillería argentina buscó desmarcar formalmente al Palacio de La Moneda de las conversaciones en curso, atribuyendo los acercamientos de las últimas semanas exclusivamente a gestiones del ámbito comunal e institucional de la Región de Magallanes, y apuntando de forma explícita al rol del alcalde de Punta Arenas, Claudio Radonich, como el principal impulsor de estas tratativas.
Pese a descartar una figura de traición por parte del Estado chileno, el representante trasandino advirtió que el Palacio San Martín se mantendrá monitoreando de cerca la evolución de la situación en la Patagonia. Para la diplomacia argentina, existen tratados y compromisos bilaterales que esperan que Chile respete cabalmente, en momentos en que la tensión regional escala de forma significativa tanto por la llegada de misiones empresariales isleñas a Punta Arenas como por la controversia en torno a las operaciones aéreas vinculadas a la firma británica Thales.
La postura del canciller Quirno deja al descubierto la profunda brecha de interpretación que atraviesa la relación entre ambos países y que tensiona la política interna chilena. Mientras desde el nivel central y la diplomacia trasandina se da por sentado que los pactos firmados entre jefes de Estado restringen cualquier facilitación operativa o comercial hacia el archipiélago, en Magallanes tanto autoridades locales como el propio Ministerio de Defensa defienden la autonomía económica del territorio, dejando al descubierto una dura contradicción entre las decisiones de la capital y la realidad estratégica del sur austral.
