En un ambiente marcado por el simbolismo y los gestos institucionales, el Presidente de la República, José Antonio Kast, y su antecesor, Gabriel Boric, protagonizaron este jueves un esperado cara a cara en el marco de la conmemoración del bicentenario de la Presidencia de Chile. Pese a las profundas discrepancias políticas que arrastran desde la campaña y los recientes choques por la gestión del Crédito con Aval del Estado (CAE), ambos líderes coincidieron en poner el resguardo de la democracia y el país por encima de sus diferencias.
La jornada comenzó temprano en el Palacio de La Moneda con la tradicional ceremonia del Juramento a la Bandera, seguida de un almuerzo protocolar donde además participaron figuras como el expresidente Eduardo Frei Ruiz-Tagle y la ex primera dama Cecilia Morel. Posteriormente, las autoridades se trasladaron al Museo Histórico Nacional para la actividad de cierre, instancia en la que se pronunciaron los discursos oficiales.
Rivales pero republicanos
Durante su intervención, el expresidente Gabriel Boric subrayó el valor de la austeridad en el ejercicio del poder y la fortaleza de la institucionalidad chilena, destacando la importancia de que líderes de corrientes opuestas convivan en actividades de Estado, un estándar que —según advirtió— se ha ido perdiendo en el panorama regional y global.
Mirando directamente al actual Mandatario, Boric enfatizó una frase que marcó la jornada: "Hemos sido rivales en ideas y seguramente lo seguiremos siendo, pero nos une profundamente Chile". Asimismo, reiteró que, tal como le manifestó en una carta privada entregada el pasado 11 de marzo durante el cambio de mando, se mantiene plenamente disponible para colaborar en lo que la República requiera.
El evento republicano no estuvo exento de ausencias notables.
Mientras el expresidente Ricardo Lagos se excusó debido a su retiro de la vida pública y su delicado estado de salud, la expresidenta Michelle Bachelet tampoco asistió por encontrarse fuera del país en actividades ligadas a su postulación a la Secretaría General de la ONU, en un contexto donde el actual Ejecutivo decidió quitarle formalmente el respaldo internacional a su candidatura.