Si la carrera por ser la puerta de entrada a la Antártica fuera una competencia estrictamente marítima, el marcador ya tendría un claro ganador. En las aguas del Canal Beagle, la ciudad argentina de Ushuaia saca pecho: en la última temporada movilizó 545 recaladas marítimas (447 de ellas con rumbo directo al hielo blanco), mientras que toda la Región de Magallanes apenas arañó las 182.
Sin embargo, en el tablero de ajedrez geopolítico austral, las batallas no solo se libran sobre el agua. Se ganan también surcando los cielos.
Así lo demuestra el más reciente estudio publicado por la Fundación Prisma Austral. El informe destapa una realidad que solía pasar desapercibida tras las frías cifras de muelles e inversiones: Punta Arenas le está ganando la partida a Ushuaia desde los cielos, convirtiéndose en la autopista aérea indispensable para entre 25 y 30 programas antárticos de potencias internacionales.
La "artillería" de las nubes y el invento del Air-Cruise
La verdadera joya de la corona magallánica no flota, vuela. Mientras en los muelles locales se discute cómo solucionar las limitaciones de infraestructura del Muelle Arturo Prat y el Terminal José Santos Mardones, un ecosistema de empresas privadas ha construido una ventaja competitiva brutal.
La firma magallánica Grupo DAP (a través de Antarctic Airways) declara acaparar cerca del 76% de todo el tráfico aéreo entre América y la Antártida. Para muestra de su capacidad, en un solo fin de semana de febrero de 2026, la compañía desplegó un "puente aéreo" sin precedentes: 17 movimientos entre Punta Arenas y la Isla Rey Jorge.
A esta hazaña se suma la chilena Antarctica21, pionera mundial del concepto air-cruise. ¿El truco? Saltar las embravecidas y temidas aguas del Paso Drake en un cómodo vuelo de dos horas, para recién desembarcar en el continente helado directamente en buques de expedición.
Este modelo dual (aire-mar) no solo le da estatus turístico a Chile, sino que mantiene operando la logística de ejércitos, científicos y misiones internacionales que prefieren la velocidad del puente aéreo chileno antes que las largas travesías en barco desde Argentina.
El sinceramiento del ministro de Defensa argentino
El valor estratégico de esta ventaja aérea chilena es tan evidente que cruzó la cordillera. Recientemente, el propio ministro de Defensa de Argentina, Carlos Presti, lanzó una advertencia en medios bonaerenses que resonó con fuerza en el ámbito diplomático:
"Hay 25 o 30 países que despliegan todas sus campañas antárticas desde el hermano país de Chile, desde Punta Arenas, y Argentina está dejando pasar esta oportunidad".
El trasfondo no es menor. Argentina ya reaccionó y busca potenciar su Base Naval Integrada en Ushuaia y convertir la Base Petrel en un polo logístico multinacional para arrebatarle el negocio a Chile. En Buenos Aires saben bien que en la Antártida la soberanía no se proclama con discursos, sino con infraestructura, logística acumulada y presencia efectiva.
La paradoja del gigante y la sombra del 2048
El informe de Prisma Austral pone sobre la mesa un llamado de alerta a las autoridades chilenas: la ventaja aérea se puede desvanecer si no hay inversión inmediata.
Hoy existe una paradoja. Chile avanza en proyectos de alto nivel de investigación como el Centro Antártico Internacional (CAI) o la consolidación del nuevo rompehielos de la Armada, el Almirante Viel. Sin embargo, la infraestructura aeroportuaria —tanto en Punta Arenas como en la pista del aeródromo Teniente Marsh en la Antártida— amenaza con convertirse en un cuello de botella.
Todo esto cobra una relevancia vital de cara al año 2048, fecha límite en la que se podrá solicitar la revisión del Protocolo de Madrid (el acuerdo internacional que actualmente prohíbe la explotación minera en la Antártida). Para ese momento, los países que lideren la logística y tengan la mayor huella científica y operativa serán los que tengan la sartén por el mango en las negociaciones internacionales.
Por ahora, en la carrera austral, Ushuaia manda en el mar con cruceros de lujo y muelles gigantes. Pero cuando se trata de conectar al mundo con el fin del planeta a velocidad de crucero, Punta Arenas sigue siendo el rey indiscutido del aire.
