Una investigación científica internacional encendió las alarmas de la comunidad científica tras confirmar la aparición de una gigantesca "polinia" —una enorme área de mar abierto libre de hielo— de casi 90.000 kilómetros cuadrados en la bahía de Breid, en la Antártida Oriental. El hallazgo, publicado en la revista Geophysical Research Letters, documenta un evento sin precedentes en esa zona durante los últimos 45 años de monitoreo satelital continuo.

El fenómeno no fue menor: en menos de dos semanas durante el pasado mes de julio, la bahía pasó de estar cubierta de hielo en un 97% a apenas un 25%. Para el 10 de agosto, las distintas manchas de agua abierta se habían unificado hasta formar una gigantesca grieta oceánica equivalente a la superficie completa de un país como Portugal.

Ataque por arriba y por abajo

Según el análisis detallado de imágenes satelitales, sensores oceánicos y mediciones de campo, la desaparición repentina del escudo helado fue provocada por una combinación "perfecta" y destructiva de factores atmosféricos y oceánicos:

  1. Ríos atmosféricos sin precedentes: Una cadena de seis "ríos atmosféricos" —corrientes de aire cargadas de humedad y calor desde los trópicos— golpeó con fuerza inusual el continente blanco. Estas masas impulsaron temperaturas hasta 17 °C por encima de los promedios normales para el invierno polar.
  2. El calor del fondo marino: A la par, intensos vientos provocaron el fenómeno denominado "succión de Ekman", desplazando el agua superficial fría y obligando a ascender a capas profundas de agua más cálida y salada (Agua Circumpolar Profunda Superior).
  3. Ola de calor marina: Una anomalía térmica en la superficie del océano (+0,6 °C sobre la media) impidió que el mar se volviera a congelar con rapidez, incluso cuando los vientos amainaron.

Una advertencia para el océano Austral

Las polinias de mar abierto no solo alteran la geografía del hielo, sino que impactan de forma directa en el intercambio de calor, nutrientes y gases entre el océano y la atmósfera, afectando los ciclos biogeoquímicos globales y el ecosistema antártico.

Aunque el hielo marino en el continente blanco arrastra una tendencia a la baja desde 2016, los investigadores advierten que la convergencia de eventos extremos como este podría repetirse con mayor frecuencia si el calentamiento global continúa fortaleciendo los ríos atmosféricos y elevando la temperatura de los mares del sur.