La competencia por el dominio logístico y la proyección hacia la Antártica sumó un hito estratégico al otro lado de la frontera. El ministro de Defensa argentino, Carlos Presti, junto a altas autoridades del gobierno trasandino, confirmó el cronograma oficial para la ansiada Base Naval Integrada de Ushuaia: las obras arrancarán el 2 de enero de 2027 y demandarán una inversión estimada de entre 400 y 500 millones de dólares.
El anuncio, que contempla un plazo de ejecución de entre 30 y 36 meses para estar operativo hacia fines de 2029, no es solo un plan de infraestructura militar interna. Representa la respuesta concreta de Buenos Aires para intentar revertir lo que el propio Ministerio de Defensa argentino definió como una "oportunidad perdida" frente al liderazgo que mantiene Punta Arenas en la atención a las delegaciones internacionales que viajan al continente blanco.
Muelle de 585 metros y apoyo al rompehielos Almirante Irízar
El corazón del proyecto en Ushuaia estará centrado en la construcción de un muelle comercial y militar de 585 metros de longitud, diseñado con la capacidad de albergar simultáneamente a buques de gran porte, como el emblemático rompehielos ARA Almirante Irízar y amplias unidades logísticas trasandinas.
El plan integral incluye:
- Área logística antártica dedicada: Instalaciones avanzadas para el aprovisionamiento, reabastecimiento de combustible y mantenimiento de flotas científicas y militares.
- Módulos habitacionales: Construcción de viviendas y centros operativos para el personal militar y técnico desplegado permanentemente en la zona.
- Autonomía operativa: Cien por ciento bajo control de la Armada Argentina, con financiamiento estatal garantizado en los presupuestos plurianuales de Defensa.
El factor Punta Arenas y la mirada en 2048
El proyecto resucita una obra que se encontraba paralizada desde fines de 2023 con apenas un 9% de avance físico. Sin embargo, la decisión del Ejecutivo argentino de priorizarla en el presupuesto 2027 responde a un cálculo geopolítico mayor: posicionar a Ushuaia como el polo logístico multimodal del Atlántico Sur y las rutas antárticas.
Analistas trasandinos han sido claros al señalar que este despliegue busca competir directamente con la plataforma operativa que Chile ha consolidado desde la Región de Magallanes. Si bien Ushuaia ostenta hoy la delantera en el tráfico de cruceros marítimos, Punta Arenas mantiene el control de la conectividad aérea y el puente logístico de entre 25 y 30 programas antárticos de distintas naciones.
Con la mira puesta en las décadas decisivas previas al año 2048 —fecha en que podrá revisarse el Protocolo de Madrid sobre protección ambiental en la Antártida—, la reactivación de la base en Tierra del Fuego marca una señal de alerta para la infraestructura portuaria chilena, que enfrenta el desafío urgente de modernizar sus muelles y proteger su ventaja competitiva en el austral.
