Chile y el fantasma de una “recesión técnica”
La economía chilena enfrenta uno de sus momentos más complejos en los últimos años. El Imacec de abril de 2026 registró una caída de 1,2% en comparación con el mismo mes del año anterior, marcando el cuarto mes consecutivo de contracción.
Esta cifra, peor a lo esperado por el mercado, ha hecho que las proyecciones de crecimiento para el año se deterioren rápidamente y ha encendido las alarmas sobre una posible recesión técnica.
El primer trimestre del año ya cerró con una contracción de 0,5% del PIB, el peor inicio desde 2009. A esto se suma un desempleo que alcanzó el 9,1% en el trimestre febrero-abril, la tasa más alta desde 2021. El deterioro no se explica solo por factores puntuales. Aunque la minería —especialmente los problemas en Codelco y la menor ley del mineral— fue el principal responsable de la caída de abril (con una contracción de 11,8%), analistas coinciden en que el mal desempeño es más estructural.
El debilitamiento del consumo, el impacto del fuerte alza en los precios de los combustibles y un mercado laboral frágil están afectando a diversos sectores. Economistas como Tomás Izquierdo, de Gemines, advierten que existe un problema de fondo en la capacidad de crecimiento de los sectores exportadores tradicionales, más allá de la coyuntura minera. Además, el fenómeno climático “Súper Niño” podría agravar la situación en los próximos meses en minería, agricultura, pesca e industria.
Ante este escenario, las expectativas de crecimiento para 2026 se han revisado a la baja. Mientras a inicios de año se hablaba de un 2% o incluso más, hoy varios bancos e instituciones proyectan un rango entre 1,5% y 1,9%. Santander estima que el país está “más cerca de crecer 1,5% que 2%”, y Scotiabank advierte que superar el 1% se ha vuelto desafiante. Clapes UC proyecta que mayo también podría registrar una variación negativa o nula.
¿Qué se necesita para revertir la tendencia?
La recuperación en el segundo semestre es clave. Expertos como Sergio Lehmann, de BCI, mantienen la esperanza de un repunte hacia finales de año, impulsado por una posible normalización de la minería y mayores inversiones. Sin embargo, para lograr un crecimiento sostenido se requieren medidas estructurales: agilizar la permisología, atraer inversión privada, mejorar la productividad y fortalecer la confianza empresarial.
En el corto plazo, el Banco Central enfrenta un dilema entre controlar la inflación —presionada por los combustibles— y apoyar la actividad económica. Las familias y las pymes, mientras tanto, continúan bajo presión por el alto desempleo y el encarecimiento del costo de vida.
Chile no está ante una crisis terminal, aunque enfrenta un claro estancamiento. Superar este escenario requerirá no solo una mejoría coyuntural, sino decisiones políticas y económicas audaces que refuercen la capacidad productiva del país. De lo contrario, el “fantasma de la recesión” podría materializarse y prolongar un período de magros resultados que afecta directamente el bienestar de los chilenos.
