El rebaño austral y el manual de Santiago [Por Mauricio Vidal Guerra]
Hay una distancia que el centralismo de Santiago jamás ha querido medir en kilómetros, porque aceptarla significaría reconocer su propio fracaso… La distancia del absoluto desconocimiento territorial. No importa qué color político habite el Palacio de La Moneda ni qué dogma de turno se intente imponer desde la comodidad de un escritorio en la capital, porque el error histórico se repite con una terquedad que ya roza la insolvencia intelectual. Insisten en meter a todas las regiones en el mismo saco, pretendiendo gobernar la Patagonia con las mismas recetas homogéneas y mediocres que diseñan para Santiago (que es lo único que les importa).
Pero lo verdaderamente indignante no es solo la ceguera colonialista de la capital, sino la vergonzosa sumisión de las autoridades locales. Quienes debieron ser los primeros defensores de esta tierra, hoy actúan como simples capataces de un fundo ajeno, seguidores obedientes de un manual ideológico dictado a miles de kilómetros.
La representación regional mutó en una sucursal partidaria, una especie de vicaría donde los gobernantes prefieren agachar la cabeza ante sus directivas nacionales antes que escuchar el crudo diagnóstico de su propio territorio. Intentan evangelizar con consignas abstractas y discusiones de redes sociales a una ciudadanía que no vive de dogmas, sino de realidades asfixiantes. El costo brutal del flete, el precio de la vida en el almacén de barrio, el aislamiento geográfico crónico y un clima implacable que no sabe de burocracia estatal.
Esta genuflexión (acto de doblar una rodilla hasta tocar el suelo como gesto de profunda reverencia, humildad y adoración) doctrinaria es la que hipoteca el porvenir de Magallanes. Si las decisiones estratégicas de la región siguen supeditadas a los favores y equilibrios políticos de Santiago, el escenario económico a futuro no es solo incierto, sino derechamente peligroso. En un territorio extremo, la falta de una voz regional con peso propio y pantalones bien puestos amenaza con estancar la inversión productiva y congelar el desarrollo logístico.
El riesgo económico no es una teoría. Si el centralismo acentuado sigue ignorando las particularidades de la zona, nos enfrentamos a una pérdida progresiva del poder adquisitivo de las familias magallánicas, condenadas a pagar el sobrecosto de hacer patria mientras el nivel central mira para el lado.
Magallanes tiene memoria, y su historia demuestra con creces que las transformaciones reales de esta tierra nunca nacieron de las concesiones amables del centro del país ni de la docilidad de sus intermediarios. Nacieron de la rebeldía legítima de un pueblo que, cuando se une por encima de las trincheras ideológicas, es capaz de plantarse con firmeza y hacer recapacitar al centralismo más cerrado. No podemos permitir que el seguidismo partidario adormezca esa fuerza identitaria.
Si quienes hoy ocupan los cargos de poder prefieren la obediencia al manual de la capital para asegurar la pega o su próxima candidatura, será complejo que el orgullo de nuestra propia identidad no salga a rayar la cancha. Al final del día, el destino de la Patagonia siempre se ha escrito con el pulso firme y soberano de su gente. Dificilmente con los dictados de un escritorio en Santiago.
Mauricio Vidal Guerra, periodista, director ZonaZero.cl
