Mientras las regiones del centro como O'Higgins y Valparaíso superan la barrera del 10% de cesantía y Aysén roza el pleno empleo, la crisis silenciosa de Magallanes se agudiza año a año. Un escenario marcado por un alza sostenida en la desocupación que choca de frente con la inacción política, la falta de propuestas y un coro de críticas que frena cualquier atisbo de reactivación.
La crisis del mercado laboral en Chile ya dejó de ser una luz de alerta para transformarse en un incendio estructural. Los últimos datos del Instituto Nacional de Estadísticas (INE) para el trimestre marzo-mayo de 2026 han dejado en evidencia que el promedio nacional de desempleo trepó a un alarmante 9,4%, la cifra más alta registrada desde junio de 2021. Con esto, el país encadena 41 meses consecutivos con la desocupación por sobre el 8%, consolidando lo que los expertos ya catalogan sin tapujos como una "emergencia laboral".
Sin embargo, detrás de este promedio nacional coexisten realidades drásticamente opuestas que fracturan el mapa económico del país.
El contraste extremo: Del abismo del centro al refugio de Aysén
Por un lado, la zona central vive momentos críticos. Las regiones de O’Higgins y Valparaíso lideran los peores índices del país, empatando con una tasa de desocupación del 10,2%. En O'Higgins, el freno total de nuevos proyectos mineros tras accidentes en El Teniente y el duro momento de la agricultura han destruido empleos formales, disparando la informalidad laboral al 29,9%. En Valparaíso, el panorama es similar: la fuerza de trabajo crece un 2,2% pero la ocupación apenas avanza un 0,6%, obligando a los gobernadores regionales a inyectar miles de millones en programas de proempleo de emergencia ante la lentitud de la inversión privada.
En la otra vereda, la Región de Aysén vive un escenario completamente contracíclico, anotando un 4,1% de desempleo. Una cifra que los economistas consideran técnicamente "pleno empleo". No obstante, este número responde a condiciones muy particulares. Posee el mercado laboral más pequeño de Chile (apenas 60 mil personas activas) y está fuertemente sostenido por el dinamismo de la industria salmonera, aunque con el gran talón de Aquiles de una informalidad que ya roza el 31,3%.
Magallanes: El fin de los "buenos números" históricos
Es precisamente al comparar estas realidades cuando la situación de la Región de Magallanes adquiere su verdadero peso y preocupación local. Durante décadas, Magallanes operó bajo una suerte de blindaje económico. Históricamente, las autoridades y analistas se han jactado de que la región exhibía cifras de desempleo sistemáticamente más bajas que el promedio nacional, camuflando la realidad bajo el argumento de que "los números de Magallanes siempre son buenos".
Pero la realidad actual dicta algo muy diferente y en las calles el panorama se siente pesado. Lo cierto es que a nivel local se viene registrando un crecimiento sostenido del desempleo desde hace varios años. El colchón histórico se terminó. La caída en la inversión, el freno de proyectos energéticos, y el debilitamiento del comercio local han comenzado a pasar una factura que ya no se puede ocultar con estadísticas del pasado. El desempleo en la zona austral dejó de ser un indicador plano para convertirse en una curva ascendente que atemoriza a las familias magallánicas.
Sin propuestas: El reino de la traba y la crítica
Lo que más enciende las alarmas en la comunidad local y los gremios no es solo la tendencia al alza de las cifras, sino la absoluta falta de proyecciones y las acusaciones repetitivas y permanentes. Hace unas horas el Ejecutivo local se ha comprometido a generar 800 empleos en los próximos cinco meses. Una meta que habrá que fiscalizar al dedillo, pero que se fundamenta en una nueva "mesa de trabajo". Tal vez uno de los conceptos más ocupados por los gobiernos de turno desde el regreso de la democracia. Y la otra pregunta que se debe hacer, es qué tipo de empleo se buscará activar o desarrollar para quienes están sin trabajo.
Lamentablemente, lo que domina el debate regional son puras recriminaciones políticas, burocracia paralizante y un festival de trabas regulatorias y ambientales que asfixian los proyectos antes de que pongan la primera piedra. El rubro de los servicios, el desarrollo industrial sostenible y la atracción de capitales están congelados bajo un manto de incertidumbre.
Mientras el fantasma de la informalidad y la desocupación sigue avanzando hacia el sur, Magallanes observa cómo se evapora su histórica estabilidad laboral. Si la política local no pasa de la queja a la propuesta, el invierno laboral de la región amenaza con ser mucho más largo y frío de lo presupuestado.