Imagina un patio de colegio. No es solo cemento y una malla: ahí se juega la pelota en los recreos, se hacen los actos, se respira el único aire libre de toda la jornada escolar. Ahora imagina que un día llega un módulo prefabricado, se instala ahí “por poco tiempo”, y ese poco tiempo se convierte en tres años y, según el peor de los rumores, podría convertirse en veinte. Eso es exactamente lo que están viviendo hoy los estudiantes del Liceo María Behety, y es también, en miniatura, la razón por la que cada vez más magallánicos —jóvenes, adultos, vecinos de toda edad— van dejando de creer que participar sirve de algo.
Aquí en Punta Arenas conocemos bien esta historia, porque se repite con distintos nombres: el proyecto que iba a durar “solo mientras”, la obra “transitoria” que termina ocupando el lugar para siempre. El Cesfam 18 de Septiembre se instaló en dependencias del Liceo María Behety en 2023, y la comunidad educativa aceptó un sacrificio concreto —ceder parte de su patio— a cambio de una palabra: 900 días.
Como concejal lo dije en la sesión donde se expuso este tema, y lo repito aquí porque no es un detalle menor: “Dentro de esos acuerdos, uno de los más tácitos y más importantes era que el Cesfam iba a estar en ese espacio durante 900 días (…) un Cesfam provisorio modular. Entonces eso quiere decir que al término de su uso destinado para aquello iba a ser retirado de aquel lugar”. Ese era el trato. No uno improvisado por la comunidad escolar, sino el que la propia autoridad le informó al Concejo Municipal.
Tres años después, el Cesfam no solo sigue instalado: se le han sumado programas —atención de fibromialgia, apoyo a niños con trastorno del espectro autista, entre otras actividades— sin que el Concejo Municipal tuviera conocimiento oportuno de ello. Y esta semana, según denunció el propio Centro de Estudiantes en la movilización del 8 de agosto, trascendió que se evaluaría un nuevo comodato de hasta 20 años (La Prensa Austral, 08-08-2026). De 900 días a 20 años hay una distancia que no se explica con “necesidades de salud”: se explica con falta de planificación. Si el Cesfam se instaló en 2023, la pregunta que cualquier gestión responsable debió resolver desde el primer día era simple: ¿dónde va a funcionar cuando se cumpla el plazo? Tres años sin respuesta no es mala suerte. Es la ausencia total de un plan.
Que quede clarísimo, porque en estos debates siempre alguien quiere simplificar la crítica: nadie en su sano juicio está en contra de que existan más y mejores programas de Salud Primaria para Punta Arenas. ¡Faltaría más! El problema no es la fibromialgia, ni el TEA, ni la salud mental. El problema es cómo se administran los recursos y los espacios cuando nadie los fiscaliza a tiempo. Es la nula planificación de hacer las cosas sobre la marcha, sin medir consecuencias. Y es el proteccionismo inaceptable de blindar a quienes cometen estos errores en lugar de asumir responsabilidades, incluso cuando eso significa ocultarle información al propio Concejo Municipal. Porque si te ocultan información, es porque algo está pasando.
Los estudiantes del María Behety salieron a exigir su patio de vuelta, y lo hicieron dentro de la sana convivencia, sin violencia, con argumentos. Eso es exactamente lo que la democracia necesita: gente que participa, que exige, que fiscaliza. Pero cada promesa incumplida, cada plazo que se estira en silencio, cada explicación que llega tarde o no llega, les enseña a esos mismos estudiantes —y a sus apoderados, y a los vecinos del sector, y a cualquiera que alguna vez confió en un plazo— que participar no cambia nada. Esa es la verdadera factura de lo “provisorio”: no es solo un patio ocupado, es una generación completa aprendiendo, plazo tras plazo, a no confiar. Y una democracia no se sostiene con módulos prefabricados de confianza que, tarde o temprano, alguien también olvida retirar.
Por Jonathan Cárcamo Gómez, columnista.
