La dinámica social y económica de Magallanes está fuertemente atada a sus dos industrias líderes: el turismo y la salmonicultura. Ambas han traído a la región un bienestar inesperado para quienes vivieron la década de los 80 en la zona. En 1987 la pobreza en Chile alcanzó el 45,1 %, su momento más alto. En Magallanes se hacía sentir con fuerza, agravada por los fríos extremos.

En números concretos, el turismo genera alrededor de USD 400 millones en gastos de los visitantes, mientras que la salmonicultura representa cerca de USD 600 millones en exportaciones (USD 597 millones de salmón y trucha en 2025, según ProChile).

El turismo entrega unos 15.000 puestos de trabajo y la salmonicultura más de 8.000 (entre directos e indirectos).

Algunas estadísticas indican que el Parque Nacional Torres del Paine recibía menos de 10.000 visitantes extranjeros al año. Por entonces era raro ver a un mochilero de barba y zapatos de trekking por las calles de Puerto Natales.

Y la salmonicultura era solo un proyecto, una idea que comenzaba a tomar forma en Natales con la iniciativa de Fundación Chile. Tomando como punto de partida aquel año difícil, en apenas 40 años la situación se ha revertido notablemente para Chile y, sin duda, para Magallanes.

La pobreza estructural de Magallanes ha caído a niveles muy bajos (alrededor del 9,9 % por ingresos y 6,1 % multidimensional según Casen 2024, con metodología más exigente; cifras anteriores la situaban cerca de cero) y la fuerte dinámica comercial e industrial hace impensable que los chilenos tengan que cruzar la frontera para ganarse el pan en una mina de carbón. Pero ocurrió: más de 3.000 personas, la mayoría de Puerto Natales, pasaron por las minas de Río Turbio.

En algún momento, hace poco más de una década, Chile dejó de crecer con el apetito voraz que mostraba desde el inicio del milenio. Pasó de 6,1 % en 2004 a 4,1 % en 2013 y a 2,5 % en 2025, según datos oficiales. La pandemia también hizo lo suyo. Pero hoy el único horizonte posible, con estas bases, parece ser el progreso, a menos que la burocracia y la ideología se sigan interponiendo en las claras oportunidades de desarrollo de la región.

Un salto en la producción salmonicultora implicaría una distribución del ingreso todavía más amplia en el escenario local. Porque, como ocurre en este tipo de actividades, se trata de una cadena productiva, de una secuencia.

Solo por concepto de patentes, la industria salmonera deja en los municipios de Magallanes alrededor de USD 3,5 millones anuales entre lo que aportan las productoras y las más de 150 empresas que prestan servicio a la industria. En Puerto Natales, la Asociación de Prestadores de Servicios para la Acuicultura y Pesca de Natales A.G. (APSIA) agrupa a más de 1.000 trabajadores, lo que a su vez representa una masa salarial anual de unos USD 12 millones.

La producción actual de salmón en la Región de Magallanes se sitúa en torno a las 150.000 toneladas anuales. En 2025 se registraron alrededor de 152.000 toneladas, de acuerdo con la Asociación de Salmonicultores de Magallanes y el INE, después de un 2024 con 106.000-108.000 toneladas. Según se conoce en el sector, la capacidad instalada de las plantas de proceso permitiría llegar sin problemas a las 200.000 toneladas. La inversión en plantas procesadoras ronda los USD 200 millones entre Puerto Natales y Punta Arenas.

El incremento de 50.000 toneladas adicionales se proyecta a través de la optimización de concesiones existentes, relocalizaciones, micro-relocalizaciones y resolución de trámites pendientes. No implica necesariamente que se habiliten otras áreas aún no autorizadas.

La discusión acerca de las micro-relocalizaciones —un movimiento de apenas 350 metros— es clave en este contexto, porque podría amplificar la producción generando un impacto mínimo o nulo en el medioambiente.

En 2025 las exportaciones de salmón y trucha de Magallanes generaron USD 597 millones, según ProChile. Un incremento de 50.000 toneladas, a valores similares por tonelada, equivaldría a alrededor de USD 200 millones adicionales en envíos a los mercados compradores. En el primer trimestre de 2026 las exportaciones regionales de salmón subieron de 16.000 a 27.000 toneladas, con retornos que pasaron de USD 127 millones a USD 177 millones.

Para mantener el ritmo con un competidor directo como Noruega y conservar mercados internacionales exigentes como Estados Unidos, Japón y Brasil, resulta imprescindible escalar la producción. Noruega ha dejado trascender que de aquí a 2050 podría multiplicar por 5 su producción. Chile pretende hacerlo por 3 para llegar a las 3 millones de toneladas.

En relación con el empleo, durante el peak productivo (cerca de 180.000 toneladas) de la región se anotaron unos 5.500 puestos directos; a estos se les deben sumar más de 2.500 empleos indirectos. Con la baja posterior se perdieron más de 1.500 empleos, pero hoy el sector genera más de 3.000 puestos directos de trabajo en la región y un total de unos 8.000 entre directos e indirectos.

Declaraciones desde el sector subrayan que el incremento a 200.000 toneladas generaría entre 2.000 y 3.000 empleos nuevos. A un salario promedio de USD 1.000 mensuales por persona, la masa salarial adicional sería de USD 24-36 millones anuales. En la actualidad supera los USD 100 millones en salarios. El número final de empleo, entre directos e indirectos, se muestra impactante: unos 11.000 puestos de trabajo.

El Seremi de Economía de Magallanes, Francisco Javier Birke, ha ratificado que la región tiene capacidad instalada de 200.000 toneladas anuales. “Eso es lo que se quiere buscar a corto y mediano plazo: llegar a esa producción sin la necesidad de que se requieran cambios significativos en la industria”, dijo. El funcionario agregó que se priorizarán las relocalizaciones y micro-relocalizaciones, y que se estima poder duplicar la capacidad actual.

En su última visita a la región, el presidente José Antonio Kast subrayó que la salmonicultura representa el 21 % de los ingresos de Magallanes y podría alcanzar el 25 % o incluso el 50 % dependiendo de su producción en el corto y mediano plazo. La visión del Gobierno de Kast es aumentar la producción hasta 200.000 toneladas y que el proyecto de ley de Reconstrucción Nacional permitirá destrabar inversiones mediante relocalizaciones de concesiones acuícolas que permanecen trabadas.