36 años de Cuentas Públicas en Chile, de Patricio Aylwin a José Antonio Kast
Un ritual republicano que nació en 1832 y que hoy mide a los presidentes en minutos, anuncios y resistencia física. La historia tiene récords, curiosidades y más de un presidente que quiso hablar menos y no pudo.
Hoy en día, cada 1 de junio, el Congreso Pleno de Valparaíso se convierte en el escenario más solemne de la política chilena. El Presidente de turno sube al estrado, abre sus páginas o enciende el teleprónter, y comienza a rendir cuentas ante la nación. Lo que pocos saben es que detrás de ese ritual republicano existe una historia paralela, la del cronómetro, que dice tanto o más sobre cada mandatario que el contenido mismo de su discurso.
La tradición tiene raíces más profundas de lo que se cree. Los orígenes de la Cuenta Pública en Chile están en la Constitución de 1828, y el primer Mensaje Presidencial del que se tiene registro correspondió al presidente José Joaquín Prieto, el 1 de junio de 1832.  Casi dos siglos después, el rito sigue en pie, aunque ya no se lee en papel desde un atril, sino que se proyecta en pantallas digitales.
Con el retorno de la democracia en 1990, Patricio Aylwin reinstauró la tradición ante un Congreso que volvía a funcionar en Valparaíso. Y lo hizo con energía: su Cuenta Pública más larga fue la de 1993, que duró 190 minutos (poco más de tres horas) y el documento contaba con 82 páginas. Aylwin habló tanto en su última cuenta como en su primera: la de 1990 se extendió por 160 minutos. Era otro tiempo político. La democracia recién recuperada exigía explicaciones largas.
Después vino Eduardo Frei Ruiz-Tagle, y con él una filosofía distinta. Su Cuenta Pública más breve, la de 1998, duró apenas 75 minutos.  El mismo récord de brevedad que años después compartiría Michelle Bachelet. Fue justamente Bachelet quien hizo debutar el teleprónter en 2017 , modernizando la puesta en escena de un ritual que hasta entonces se leía en papel.
Ricardo Lagos estableció una marca que todavía resiste. Es el presidente con el promedio de duración más breve desde el retorno a la democracia, con 93 minutos por discurso, siendo el único que no superó las dos horas en ninguna de sus intervenciones. Lagos habló poco y, según quienes lo recuerdan, habló bien. Su última Cuenta Pública, en 2005, fue además la única de la era democrática que recibió aplausos transversales de la oposición, una “luna de miel” en el Congreso que no se ha repetido.
Sebastián Piñera aportó lo suyo en materia de innovación protocolar. Fue Piñera quien introdujo la modalidad de horario “prime” para la Cuenta Pública, inspirado en la puesta en escena del expresidente Barack Obama en Estados Unidos. En 2020 inició el discurso a las 20:00 horas ante el Congreso.  La idea era llevar el acto republicano al horario de mayor audiencia televisiva. El experimento no se repitió.
Pero si hay un mandatario que redefinió el formato, ese fue Gabriel Boric. Sus Cuentas Públicas registraron un promedio de 167 minutos entre 2022 y 2025, el más alto de todos los presidentes desde el retorno a la democracia. Y en 2023 batió todos los récords… El 1 de junio de ese año, Boric superó a Patricio Aylwin y realizó el discurso más largo desde el retorno a la democracia, con 3 horas y 36 minutos. Cabe señalar, que era el año de conmemoración de los 50 años del golpe de Estado, lo que en parte explica la extensión. Sus otros tres discursos duraron 133, 166 y 152 minutos respectivamente, todos por sobre el promedio histórico.
Hoy, José Antonio Kast estrenó su primera Cuenta Pública. La intervención alcanzó los 144 minutos, ubicándose como el octavo discurso más largo de los 37 que han dado los primeros mandatarios desde el retorno a la democracia en 1990.  Considerando solo las cuentas públicas de los primeros años de cada presidente, Kast quedó como el segundo más extenso, superado únicamente por Aylwin en 1990.  Superó los promedios de Lagos, Bachelet y Piñera, pero se mantuvo lejos de la marca que dejó Boric.
En el extremo opuesto de la historia, el récord absoluto de brevedad lo tiene Juan Antonio Ríos, quien en 1942 realizó un discurso de apenas 27 minutos.  Una marca que ningún presidente democrático ha intentado acercarse.
El dato detrás de todos estos números instala una pregunta incómoda: ¿hablar más es gobernar mejor? La evidencia no parece apoyar esa tesis. Lagos gobernó con los discursos más cortos y dejó un país con crecimiento e institucionalidad fortalecida. Boric habló más que ninguno y terminó su mandato con niveles de aprobación relativamente bajos. Aylwin habló mucho en 1993 y la historia lo recuerda bien, pero era la democracia recién recuperada.
Redacción ZonaZero.cl
