Las últimas cifras de empleo entregadas por el Instituto Nacional de Estadísticas (INE) para el trimestre móvil mayo-julio de 2026 presentan un panorama de fuertes contrastes. Mientras Magallanes exhibe indicadores de recuperación laboral, el escenario nacional se tensiona al borde de marcar un histórico millón de cesantes, atravesado por un deterioro paulatino en la calidad de las ocupaciones.
A contrapelo de la tendencia del país, la Región de Magallanes y de la Antártica Chilena anotó una positiva jornada al registrar una baja en su tasa de desocupación regional, la cual descendió hasta un 5,9%.
El repunte local estuvo impulsado por la creación de 2.853 nuevos puestos de trabajo, un incremento en la ocupación que consolida a la zona austral entre los territorios con mayor capacidad de absorción de fuerza laboral. Las autoridades y gremios locales valoraron la contención del desempleo en el extremo sur, impulsado principalmente por el dinamismo de sectores clave en la matriz productiva regional.
La realidad nacional: el desempleo escala al 9,5% y roza el millón de personas
La foto magallánica, sin embargo, dista de la compleja encrucijada que atraviesa el resto del país. A nivel nacional, la desocupación escaló hasta un 9,5%, marcando su nivel más alto en los últimos cinco años e impactando con mayor fuerza a las mujeres, cuya tasa alcanzó el 10,3% (frente al 8,9% registrado en hombres).
En cifras absolutas, Chile contabiliza 981.044 personas desocupadas, quedando a menos de 19 mil personas de cruzar la barrera psicológica del millón de cesantes.
| Indicador Laboral (Trimestre Mayo-Julio 2026) | Registro Nacional | Registro Magallanes |
| Tasa de Desocupación | 9,5% (+0,8% en 12 meses) | 5,9% (En descenso) |
| Total de Desocupados | 981.044 personas | Cifra en contracción regional |
| Desempleo de Larga Duración (>12 meses) | 184.033 personas (18,7% del total) | N/A |
| Tiempo promedio de búsqueda | 8,1 meses | N/A |
Junto al aumento del desempleo, el reporte del INE develó una crisis en la duración de la cesantía: 184 mil personas llevan más de un año buscando trabajo sin éxito, duplicando la proporción vista hace una década. En promedio, un chileno tarda 8,1 meses en conseguir una fuente laboral, la cifra más prolongada registrada desde que existen series comparables (excluyendo el período de pandemia).
La trampa de la calidad: informalidad y destrucción del empleo formal
Detrás del comportamiento del empleo, el análisis de los expertos apunta a un factor crítico: la calidad de los puestos laborales. A nivel nacional, la población ocupada registró una caída de 0,2% interanual —la primera contracción en más de cinco años—, impulsada por una marcada sangría en las contrataciones de mejor calidad.
Según análisis de centros de estudio como Clapes UC, en los últimos doce meses se destruyeron 74 mil empleos formales, acumulando cuatro trimestres consecutivos en números rojos. Los asalariados del sector privado formal retrocedieron en 145 mil puestos en un año.
¿De dónde vienen los "nuevos" empleos?
La precarización ha sido el verdadero motor amortiguador del mercado:
- Predominio del sector informal: Por quinto trimestre consecutivo, la totalidad de la creación neta de puestos de trabajo en el país provino del crecimiento de la informalidad, la cual se ubicó en un 26,5%.
- Refugio familiar: Ante la falta de vacantes en el mercado formal privado, las personas han debido volcarse al comercio informal, emprendimientos de subsistencia y trabajos por cuenta propia sin cobertura de previsión social ni protección de salud.
- Presión por partida doble: La desocupación no solo sube porque las empresas destruyen puestos formales, sino porque más personas ingresan al mercado por necesidad sin encontrar una oferta disponible (las personas que buscan trabajo por primera vez aumentaron un 20,9% en doce meses).
Mientras la región magallánica logra sostener la ocupación y amortiguar los embates nacionales, el resto de Chile enfrenta un estancamiento en la capacidad generadora de puestos estables, donde el empleo asalariado de calidad cede terreno ante una informalidad creciente que sostiene el consumo familiar pero fragiliza la protección social del país.
