Los seis meses del gobierno de Kast ya permiten hacer una evaluación de su gestión no atribuibles a la herencia. El balance llega con una economía debilitada, muchos cambios de autoridades y una reforma de seguridad cuestionada por los posibles efectos sobre los derechos personales y sociales. Por supuesto que no es una conclusión para los cuatro años, pero sí una primera radiografía de lo que será.
La imagen se parece más a los temores con que la derecha movilizó al electorado contra la izquierda que a la promesa de orden y éxito económico (desde el primer día).
Conceptos como ineptitud, inexperiencia o improvisación surgen espontáneamente ante una evidente falta de gestión. El desempleo aumentó y llegó al 9,5%, la inflación anual crece y se proyecta al 4,1% y el Imacec cayó 1,5%, el peor en 3 años. El Banco Central redujo sus expectativas de crecimiento y anticipó una caída de la inversión. Claro que existen herencias, rezagos y factores internacionales, pero tampoco es razonable que un gobierno que prometió recuperación rápida responda a cada mala cifra culpando al pasado. En seis meses lo índices han empeorado y el gobierno no enrostra resultados de su gestión.
Gobernar en parte consiste en recibir un escenario difícil y modificarlo. Este primer semestre permite evaluar prioridades, coordinación y aprendizaje; sin embargo, lo que se observa es un gobierno con dificultades para pasar del discurso de campaña a la disciplina diaria del Estado, y muy lejos de gobernar para todos los chilenos.
La primera señal es la falta de liderazgo. Anunciar cosas no equivale a conducir o a concretar soluciones. La salida de ministras, subsecretarios y seremis puede ser necesaria, pero tanta rotación, renuncias y reemplazo de autoridades sugiere una instalación incompleta y por sobre todo mal pensada. La falta de liderazgo además se refleja en la pésima de coordinación y las contradicciones entre ministerios.
“Por la boca muere el pez” se refleja en la política de personal. Kast llegó a La Moneda denunciando el pituto, el amiguismo y la falta de mérito.
Sin embargo, el jefe del Segundo Piso y amigo personal del Presidente tiene un contrato de 9,5 millones de pesos mensuales. Luego apareció el estudiante de 19 años contratado por Interior con 1,9 millones de pesos para tareas de redes sociales. También se conoció el caso de un estudiante de Derecho que recibió hasta 3,7 millones por labores de avanzada presidencial. La edad no descalifica a nadie, pero el Estado no puede parecer un laboratorio para premiar amigos o cercanos mientras miles buscan empleo.
La inexperiencia se transforma así en ineptitud, no por la edad, sino por no distinguir entre confianza política y competencia profesional. El candidato Kast denunciaba el amiguismo ajeno, pero al Presidente Kast no le molesta y hasta lo intenta explicar. El episodio de Natalia Duco refuerza las contradicciones. Fue sacada del Ministerio del Deporte por mal uso de un vehículo fiscal y una investigación de Contraloría. Sin embargo, sólo 24 días después regresó al Gobierno como asesora del Segundo Piso. Si la mala conducta justificó su salida, ¿por qué Kast la premia en su núcleo de confianza? Y con tus impuestos como vociferaba y repudiaba Mara Sedini.
Desde el punto de vista institucional la reforma constitucional de seguridad es la propuesta más grave para la democracia y nuestra sociedad. La reforma contempla un nuevo estado de excepción que podría extenderse hasta ocho meses sin aprobación previa del Congreso, con restricciones a la movilidad y reunión, interceptación de comunicaciones y decomiso de tus bienes. Kast se saca la máscara y muestra sus convicciones más profundas que lo han llevado a defender la dictadura y relativizar la violación a los derechos humanos. Kast mal entiende la seguridad, y claro que es una obligación del Estado, pero una emergencia no puede ser un cheque en blanco para vulnerar la democracia y los derechos.
Si la respuesta a los delitos es un Presidente con facultades ampliadas, autoritarias y sin control, el problema pasa a ser más grave al recaer en la institucionalidad del poder.
La ironía es que estos 6 meses expresan varios de los miedos que la derecha utilizó contra un eventual gobierno de izquierda: Inflación, desempleo, bajo crecimiento, falta de inversión, improvisación, amiguismo y pérdida de libertades. No porque Kast haya convertido a Chile en Chilezuela, sino porque ha demostrado que todos eso males no pertenecen a una sola ideología y son propios de los que gobiernan sólo para sus partidarios y prefieren el autoritarismo antes que la democracia.
Seis meses no condenan definitivamente a un gobierno, pero sí muestran su estilo, capacidades y convicciones.
Kast mezcla una falsa autoridad discursiva con profundas dificultades de conducción y liderazgo; plantea e impulsa una austeridad estatal, pero aumenta los privilegios de sus cercanos; y hace promesas de eficiencia y transformaciones que se convirtieron en metáforas. De esta forma, los miedos proyectados para Chile, que fueron parte fundamental de su ascenso al poder, hoy forman parte de su gestión.
Los miedos imputados a sus rivales hoy son parte de su sello.
Por Juan Marcos Henríquez, columnista.
