Durante mucho tiempo hemos creído que nuestros héroes vivirían para siempre, pero no es así. Ya no están con nosotros David Bowie, Lou Reed, Lemmy Kilmister, Luis Alberto Spinetta, Pappo, entre muchos otros iconos de la música.
Asumimos inconscientemente que nuestros artistas son inmunes al paso del tiempo, y que esa banda sonora que nos acompañaba iba a continuar ahí intacta.
En estas últimas semanas nos han dejado figuras entrañables del Rock Argentino como Rubén Rada (El quinto, Tótem, Opa) o Miguel Zavaleta (Bubu, Suéter) físicamente ya no se encuentran con nosotros, el paso de los años y la partida de tantos ya nos recuerdan que el tiempo avanza implacable.
Cuando la realidad golpea con estas ausencias definitivas o con la constatación de que la juventud se escurre como agua entre las manos, se siente como si nos arrancaran un pedazo de nuestra propia historia.
Cuántos recuerdos me trae eso de escuchar sus canciones en la Radio Nacional de Río Turbio a comienzos de los años ochenta, cuando el aparato receptor era nuestra ventana hacia otro mundo y un refugio contra el silencio del hielo y de la carretera.
Escuchar “Malísimo” de Rubén Rada en los helados inviernos o recorrer las carreteras patagónicas al ritmo de también “Amanece en la ruta” de Suéter son hoy recuerdos imborrables que conmueven, pero que a la vez reafirman el poder eterno del arte frente a la fugacidad de la vida.
