Desde el cierre de su gira internacional tras la Asamblea General de la ONU, el presidente José Antonio Kast puso sobre la mesa un escenario que hasta hace poco parecía impensable: el impacto directo en la economía nacional frente a un eventual cierre de las exportaciones de diésel por parte de la administración estadounidense de Donald Trump.

El panorama surge como un «efecto dominó» derivado del recrudecimiento del conflicto armado entre Estados Unidos e Irán, que ha destruido infraestructura petrolera estratégica en Medio Oriente. Para amortiguar la escalada inflacionaria interna previa a las elecciones de medio término, la Casa Blanca evalúa cerrar la grifo del diésel al exterior, una medida que Kast catalogó de entrada como un "efecto colateral muy duro y serio para Chile y el mundo".

El "Efecto Dominó": Por qué Chile queda al descubierto

La vulnerabilidad de Chile no es menor. El país importa más del 95% del petróleo crudo que procesa y depende fuertemente de la importación directa de refinados.

  1. La dependencia de la Costa del Golfo (USGC): Alrededor del 80% del diésel que importa Chile proviene del mercado de la Costa del Golfo de EE.UU. Si la Casa Blanca impone cuotas o prohibición total, ENAP y los importadores privados (como Copec) tendrán que recurrir a mercados alternativos (como el norte de Europa o Asia), pagando fletes marítimos considerablemente más caros.
  2. Impacto directo en la canasta básica y minería: El diésel es el verdadero motor logístico de Chile. Mueve la flota de camiones de carga que abastece a los supermercados, opera la maquinaria pesada en las minas del norte y sostiene la flota de transporte público. Cualquier ajuste al alza se traslada directamente a la inflación y a los costos operativos de las principales industrias exportadoras.
  3. Mecanismos de contingencia en evaluación: Frente a una hipotética reducción global de hasta un 10% en la oferta de diésel, el Ejecutivo ya analiza medidas paliativas focalizadas en subsidios para los sectores más vulnerables, replicando los esquemas implementados en los momentos de mayor volatilidad del crudo.

Si la alerta nacional es alta, en la Región de Magallanes adquiere tintes críticos. La realidad operativa y logística de la zona austral presenta dinámicas particulares, ya que salvo el consumo de gas natural que abastece la calefacción domiciliaria, Magallanes depende fuertemente del diésel para la conectividad marítima, el transporte terrestre de mercancías a través de la Patagonia y las operaciones productivas clave. Además, el flete marítimo hacia la zona austral añade una capa de costo extra. Un encarecimiento en el precio de origen o un desabastecimiento en la zona central impactaría con desfase, pero con mayor severidad, en los precios finales que pagan las familias magallánicas.

Un escenario en desarrollo

Pese a las proyecciones informadas por Kast, desde la Casa Blanca no se ha emitido un decreto oficial de prohibición general, entendiéndose la medida por el momento como un riesgo latente de alta volatilidad. Sin embargo, el solo trascendido ha bastado para activar las alarmas en el Palacio de La Moneda y en las mesas operativas de ENAP, en un escenario donde la seguridad energética de las regiones periféricas vuelve a ponerse a prueba.